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3 Tips para convertir tus Emociones en tus aliadas

Seguramente, en más de una ocasión, tus emociones te han traicionado y terminaron jugándote una mala pasada.

Quizás te dejaste llevar por la ira o por el miedo. Tal vez te sobrepasaste de euforia y no mediste tus acciones…

Bueno, puedes estar tranquilo al saber que eso nos ha pasado a TODOS en algún momento de nuestra vida.

Somos seres humanos. Estamos hechos para sentir. En ningún lugar nos enseñan a controlar las emociones y actuar ante ellas, así que despreocúpate.

Lo mejor de todo, es que estás aquí, buscando aprender cómo convertir tus emociones en tus aliadas. Te diste cuenta de que es un área importante que puedes mejorar en tu vida, y que te beneficiara un montón en el futuro si las controlas.

Y es que si nos vamos a los números, para que alcances cada una de las metas que te propones, dependerás en un 80% de tu inteligencia emocional, es decir, el manejo de tus emociones ante determinadas situaciones y personas.

Para no perder más tiempo, entremos en materia de una vez. Resumimos todo en 3 lecciones súper prácticas:

1. Primordial: no todas las “emociones positivas” son buenas, ni las “emociones negativas” son malas

Tal como lo escuchas.

El miedo no tiene que ser siempre una emoción mala, así como la esperanza tampoco es buena. Recuerda que las emociones son simples reacciones de nuestro cerebro a la información que percibe.

“¿me estás diciendo que sentirme triste es bueno?”

No específicamente, pero tampoco es tan malo como lo ven la mayoría de personas.

El primer paso para convertir tus emociones en aliadas, es conceptualizar las situaciones que te hacen sentir así. Debes entender en profundidad el escenario que desencadena esas reacciones en tu cerebro.

Pongamos un ejemplo:

Imagina que tuviste una discusión con tu jefe en el trabajo, y al final del día, te dijo que mañana tendrán una conversación para hablar de lo sucedido y de tu rendimiento.

Lo normal, es que te imagines lo peor, y sientas ansiedad y pánico por la reunión del día siguiente.

Pero sin conceptualizas la situación de verdad, no te da miedo la reunión, te da miedo lo que puede suceder después de ella (el desencadenante final), y no saber el resultado es lo que te genera ansiedad.

¿Ves cómo cambian las cosas ahora?

“Okey, ya lo veo, ¿pero cómo eso me puede ayudar?”

Busca posibles soluciones a las situaciones que generan esas “emociones negativas”, que si lo ves con otra perspectiva, ¡solo te están avisando del peligro que se avecina!

Son emociones fantásticas.

Si te da miedo quedarte sin trabajo, comienza a pensar en soluciones: un discurso para pedir disculpas a tu jefe, explicar la situación desde tu punto de vista, preparar un informe para demostrar el buen trabajador que eres, alistar tu CV por si sucede lo peor, contactar a ese viejo amigo que te había ofrecido un trabajo…

Eso reduce el miedo, porque estás creando posibilidades que controlas (a diferencia de la decisión de tu jefe). Y al tener en cuenta los posibles escenarios del futuro (que tú mismo has creado), reduces la sensación de ansiedad, porque puedes vislumbrar un poco los posibles escenarios.

Volviendo al ejemplo anterior: ¿Cómo te sentirías si encaras la reunión con tu jefe sin haber preparado nada? ¿Cómo te sentirías si no hubieras buscado posibles soluciones?

¡Claramente aterrado y con mucha ansiedad! Porque no sabes lo que pueda suceder.

En cambio, si buscas poner a las emociones a tu favor y las entiendes como simples señales de alerta, puedes transformar una situación desfavorable a una situación bajo tu total control.

Para toda situación que suceda, tú ya tendrás una posible solución, y todo gracias a que tuviste miedo y ansiedad.

 

2. Las emociones no siempre tienen la razón…

¿Alguna vez has pensado porque esa situación te causo ira, desilusión o esperanza?

El ejemplo del conflicto con el jefe es bastante claro, pero ahora vayamos a un lugar menos obvio: La interacción emocional con otras personas.

Aunque parezca otro ejemplo claro, muchos se pierden en este concepto. Y es que aquí es cuando se mezclan el cerebro pensante con el cerebro emocional. Intereses y sentimientos.

¿Lo captas?

La ruptura de lazos (sean amorosos o de amistad) es una de las situaciones más comunes en el ámbito personal. Las personas, por algún extraño motivo, siguen viendo esto como algo negativo, cuando en contraparte, es una de las mejores acciones, ya que son el resultado de algo que, en principio, no estaba funcionando correctamente.

¿Cómo las personas pasan por alto una situación que no funciona? Se dejan cegar por sus emociones.

Por eso, debes comprender cómo te hacen sentir dichas situaciones, y hallar el por qué esas situaciones se llevan a cabo.

Muchas personas esperanzadas terminan desilusionadas porque determinadas acciones no sucedieron como ellos esperaban; pero, ¿alguna vez pensaron en qué estaban fundamentadas sus esperanzas? ¿Estaban fundamentadas en lo correcto, o era un simple espejismo?

Este punto invita bastante a la reflexión, al auto descubrimiento y racionalización de las situaciones, que es un ejercicio buenísimo para los adultos jóvenes.

Nuevamente, lo que detona la reflexión son…

¡Emociones!

3. ¿Cómo actuar ante las emociones?

Para empezar, la información primero llega al sistema límbico del cerebro, que es donde están alojadas las emociones. Luego, termina entrando en lo conocido como el cerebro pensante.

Por eso se da el fenómeno de “primero sentimos, luego pensamos y por último actuamos”.

Esta es una acción irreversible. No hay forma de que podamos pensar y luego sentir. Sin embargo, sí que podemos trabajar para que nuestras emociones no nublen nuestro juicio.

¿Cuál es el secreto? Tan sencillo como tener en cuenta este concepto.

Nuevamente: “primero sentimos, luego pensamos y por último actuamos”.

Esta es la piedra angular de la inteligencia emocional.

Un gerente de departamento no puede molestarse al recibir un rumor acerca de un acontecimiento en la empresa.

¿Por qué? Pues este carece de información. No hay manera de verificar si el acontecimiento sucedió de esa manera.

Quizás el gerente al escucharlo se le genera un poco de inconformidad y molestia (primero siente), pero consiente de cómo funcionan las emociones (luego piensa), no deja de que sus primeras impresiones nublen su juicio crítico (por último actúa).

Él está consciente que su mente primero siente, luego piensa, y por último ejecuta las acciones.

Este último ejemplo lo podemos aplicar en un montón de escenarios…

¿Cuántas veces las personas no actúan de manera precipitada?

Las emociones, como comentamos al principio, sirven para alertarnos y hacernos entender como nos sentimos ante determinadas situaciones. Debemos verlo puramente como lo que son: información

El principal error es actuar bajo que lo sientes, en vez de lo que piensas. Por eso es tan famosa la frase “nunca tomes una decisión importante cuando estés muy feliz o muy triste”.

Hay posibilidades de que lo sientes, nuble tu buen juicio y termines tomando una mala decisión, y esto solo podrás notarlo cuando estés en un estado sereno, sin emociones que te gobiernen.

Hay todo un mundo detrás de las emociones. Entenderlo es vital para comprender nuestro funcionamiento como seres humanos y poder mejorarlo.

A fin de cuentas, no puedes mejorar lo que no puedes entender.

Esperamos que te haya sido bastante útil la lección de hoy.

¡Compártela con cualquier persona que le pudiese servir!